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Emocionario

Emocionario

Diccionario de las emociones

9nuestra
valoración / 10

Características

  • Género: educación emocional / libro ilustrado de consulta
  • Autores Cristina Núñez Pereira y Rafael Romero
  • Editorial Palabras Aladas
  • 96 páginas
  • Encuadernación tapa dura
  • Edad orientativa 7-12 años
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Nuestra opinión

Emocionario es un libro ilustrado de educación emocional firmado por Cristina Núñez Pereira y Rafael Romero, publicado por Palabras Aladas en septiembre de 2013. Tiene 96 páginas en tapa dura y su edad orientativa es de 7 a 12 años, aunque en lectura acompañada se puede entrar antes eligiendo entradas sueltas. No es un cuento: es un diccionario de emociones, cuarenta y dos en total, cada una con su definición breve y su lámina ilustrada a página completa.

Por qué hemos elegido este libro y no otro

Porque va donde casi ningún otro llega: al matiz. La mayoría de títulos para primeros lectores se quedan en cinco o seis emociones básicas. Aquí aparecen la nostalgia, el desconcierto, la admiración, la euforia, la culpa o la compasión, y se distinguen entre sí con precisión. Para un niño de ocho o nueve años que ya sabe decir «estoy triste» y necesita afinar, ese salto de vocabulario es exactamente lo que falta en la estantería.

Porque la estructura de una emoción por doble página es su mayor acierto práctico. A la izquierda un texto corto que define y ejemplifica; a la derecha una ilustración que interpreta esa misma emoción sin literalidad. Esa disposición permite abrir el libro por cualquier parte y usar solo una entrada, que es como se usa de verdad: la tarde en que un niño vuelve con algo raro dentro y no sabe qué es.

Porque la ilustración obliga a interpretar en lugar de ilustrar el enunciado. Las láminas son evocadoras, con registros gráficos muy distintos entre sí, y a menudo no muestran una cara con la emoción puesta sino una escena que hay que descifrar. Eso convierte cada página en una pregunta abierta: por qué crees que esto es la nostalgia. Es el mecanismo que hace que el libro genere conversación y no recitado.

Porque el texto es corto por entrada pero exigente en vocabulario. Cada definición cabe en unas pocas líneas, de modo que no cansa, y a la vez introduce palabras que el niño no tiene. Leído en voz alta con un adulto que reformule, funciona desde los seis; leído en solitario, pide un lector ya asentado.

Porque aguanta años, no meses. Un libro de cuarenta y dos entradas no se agota: se vuelve a él en momentos distintos y la misma página significa otra cosa a los siete que a los once. En la práctica se comporta como un libro de consulta que vive en el estante y se abre cuando hace falta.

Y lo que descarta la compra: quien busque una historia con personajes y trama debe mirar hacia otro lado, porque aquí no la hay y la decepción es garantizada. Tampoco es la primera puerta al tema para un niño de tres o cuatro años: para eso hay álbumes narrativos mucho más adecuados, y este llegará después.

Para quién funciona

De 2 a 3 años no procede. El formato, la extensión y el nivel de abstracción quedan fuera de alcance, y forzarlo solo consigue que el libro se asocie a aburrimiento antes de tiempo.

De 3 a 5 años se puede usar de forma muy selectiva: el adulto elige tres o cuatro emociones reconocibles, enseña la lámina y habla de ella, ignorando el resto del libro. Es un uso legítimo, pero conviene saber que se está aprovechando una fracción pequeña.

De 5 a 7 años empieza a rendir con adulto delante. El niño ya distingue emociones básicas y le divierte descubrir que hay palabras para cosas que sentía sin nombre. Aquí la lectura debe ser de una entrada por sesión, nunca seguida.

De 7 a 9 años es el tramo ideal y el que justifica la compra. Coincide con la etapa en la que aparecen los conflictos sociales del colegio, los celos, la vergüenza ante el grupo y la sensación de injusticia, y el libro pone nombre a todo eso con una precisión que el niño agradece. A partir de los diez sigue funcionando, sobre todo como apoyo de escritura y de conversación.

Por momento vital, encaja bien en el cambio de etapa escolar, cuando el niño pasa a primaria y las relaciones se complican; en los conflictos de amistad, para separar el enfado de la decepción o de los celos; y en la sensación de sentirse distinto, porque encontrar la palabra exacta de lo que uno vive es en sí mismo un alivio. En el aula es material de tutoría excelente: una emoción por semana, lámina proyectada y escritura a partir de ella.

Para quién no es. No es para la familia que busca lectura de antes de dormir con final tranquilo, porque este libro no cierra nada, abre. Y no es para el niño al que aún le resulta difícil sostener la atención sobre un texto sin acción: aquí no pasa nada, se explica algo, y esa diferencia se nota mucho a los cinco años.

A tener en cuenta

No es un cuento y conviene saberlo antes. Es la reserva principal y la fuente habitual de decepción: quien lo abre esperando una historia se encuentra un catálogo. Leído de seguido, de la primera entrada a la última, resulta árido incluso para un adulto.

Varias entradas manejan matices adultos. Distinguir la nostalgia de la melancolía, o la admiración del respeto, exige una experiencia vital que un niño de menos de siete años no tiene todavía. Esas páginas no sobran, pero llegarán más tarde, y hay que aceptar que una parte del libro queda en barbecho unos años.

El vocabulario pide acompañamiento. Las definiciones son breves, pero están escritas con precisión y sin rebajar el idioma. En lectura autónoma temprana el niño entenderá la mitad; con un adulto que reformule y ponga ejemplos de su vida, el rendimiento se multiplica.

Es una herramienta de conversación, no un recurso clínico. La editorial lo presenta como material de educación emocional para familias y aulas, y ahí es donde rinde. Un libro no trata un problema de ansiedad ni un duelo; si un niño atraviesa un malestar sostenido, lo que corresponde es la ayuda de un profesional, con el libro como apoyo si acaso.

Cómo se compara con otras opciones

Libro Qué trabaja Edad orientativa Veredicto corto
Este libro Cuarenta y dos emociones con sus matices, definidas una a una 7-12 años El vocabulario más fino del catálogo, pero se consulta, no se cuenta
El Monstruo de colores Cinco emociones básicas asociadas a un color 3-6 años La puerta de entrada previa: narrativo y mucho más simple
El gran libro de las emociones Compendio con relatos y pautas dirigidas también al adulto 6-10 años y familias Más narrativo y más largo; solapa bastante con este
Cuentos para educar niños felices Valores y emociones en formato de cuentos breves con guía 4-8 años Si se quiere historia y no diccionario, esta es la alternativa

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad se recomienda el Emocionario?

Rinde de verdad entre los siete y los doce años. Con adulto delante y eligiendo entradas concretas se puede empezar hacia los cinco o seis, pero el libro completo, con sus matices más finos, se aprovecha más tarde y sigue usándose durante años.

¿Sirve para trabajar las rabietas?

No es su terreno. Las rabietas son propias de una edad para la que este libro resulta demasiado abstracto. Para ese momento funcionan mejor los álbumes narrativos breves. El Emocionario es útil más tarde, con conflictos sociales que el niño ya puede verbalizar.

¿Es un cuento o un libro de consulta?

Es un libro de consulta con formato de álbum: cada emoción ocupa una doble página con definición e ilustración, y no hay personajes ni trama que sigan de una página a otra. Se usa abriendo por donde interesa, no de principio a fin.

¿Es adecuado para el aula?

Es uno de los materiales más usados en tutorías de primaria. La estructura de una emoción por sesión encaja con el ritmo semanal, la lámina se proyecta bien y da pie a escritura, debate o dibujo sin preparación adicional.

¿Cuánto se tarda en leerlo y hay más títulos relacionados?

Cada entrada ocupa uno o dos minutos, así que el libro entero se despacha en poco más de una hora, aunque leerlo así es la peor forma de usarlo. Los mismos autores han publicado otros materiales de educación emocional en la misma editorial, con planteamiento parecido.

Puntos fuertes

  • Cuarenta y dos emociones con matices que otros títulos no cubren
  • Una emoción por doble página: se abre por donde interesa
  • Ilustración interpretativa que genera conversación
  • Se usa durante años, en casa y en tutoría

En contra

  • No es un cuento: quien espere una historia se llevará una sorpresa
  • Leído de seguido resulta árido
  • Varias entradas manejan matices lejanos a un niño de menos de siete años
  • El vocabulario pide un adulto que reformule
Contenido e imágenes ilustrativas elaborados con ayuda de inteligencia artificial y revisión editorial propia. Las imágenes no reproducen fotografías reales del producto. Más información.