El Monstruo de colores
valoración / 10
Características
- Género: álbum ilustrado / educación emocional
- Autora e ilustradora Anna Llenas
- Editorial Flamboyant
- 44 páginas
- Encuadernación tapa dura
- Edad orientativa 3-6 años
Nuestra opinión
El Monstruo de colores es un álbum ilustrado escrito e ilustrado por Anna Llenas y publicado por Editorial Flamboyant. La edición de referencia tiene 44 páginas, va en tapa dura y salió en noviembre de 2012. La edad orientativa es de 3 a 6 años con lectura acompañada, y funciona desde los dos años y medio si se cuenta más que se lee. El planteamiento es sencillo: un monstruo amanece con todo lo que siente hecho un ovillo, sin saber qué le pasa, y una niña le propone separar ese lío en partes reconocibles.
Por qué hemos elegido este libro y no otro
Porque resuelve el problema concreto que tiene un niño de tres años, que no es sentir sino nombrar. La alegría, la tristeza, la rabia, el miedo y la calma aparecen aquí una a una, aisladas, con un color y una escena propia. Esa separación deliberada es el mecanismo del libro: al niño se le da una etiqueta manejable para algo que hasta entonces era una masa confusa, y a partir de ahí se puede hablar.
Porque la metáfora visual hace el trabajo pesado y el texto se aparta. Cada doble página asigna un color dominante a una emoción y la ilustración lo despliega en manchas, collage y trazo suelto, de modo que el niño identifica el estado antes de que nadie se lo explique. La técnica mixta, con papeles pegados y grafismo aparentemente descuidado, se parece bastante a cómo pintan ellos mismos, y eso reduce la distancia con la página.
Porque la cantidad de texto por página está calibrada para la edad. Hablamos de dos o tres frases cortas por escena, en primera persona, con una estructura repetida que el niño anticipa a la tercera emoción. Esa repetición no es pobreza: es lo que permite que a la cuarta lectura sea el propio niño quien complete la frase y quien pase la página cuando toca.
Porque aguanta la relectura, que en un álbum es la prueba definitiva. Un libro de conceptos suele agotarse en cuanto el concepto queda entendido. Este no, porque cada emoción admite una conversación distinta según el día: hoy se para uno en el amarillo, mañana en el rojo porque ha habido bronca en el parque. El libro deja de ser una lectura lineal y se convierte en un índice al que se vuelve por partes.
Porque sirve tanto leído en voz alta como manejado a solas. Con un adulto delante es un guion de conversación; sin adulto, un niño de cinco años que aún no descifra bien las letras puede recorrerlo solo por los colores y contarse la historia a su manera. Pocos álbumes de este catálogo permiten los dos usos sin perder nada en el camino.
Y lo que descarta la compra: si en casa ya hay un compendio de emociones que se usa a menudo, este solapa buena parte del terreno y aporta sobre todo el formato narrativo. Tampoco tiene sentido comprarlo esperando una herramienta para un problema de conducta persistente, porque es un cuento para abrir conversaciones, no una intervención; cuando un niño lo necesita, la vía es un profesional.
Para quién funciona
De 2 a 3 años se aprovecha a medias y aun así merece la pena: a esta edad el niño no sigue el hilo entero, pero reconoce los colores, señala al monstruo y repite la palabra de la emoción. Conviene contarlo más que leerlo, saltando páginas y parándose donde él se pare. La edición en cartón, más resistente, es la sensata en este tramo.
De 3 a 5 años es el público exacto. El niño ya distingue estar triste de estar enfadado, pero le falta el vocabulario para decirlo antes de que el enfado estalle, y el libro le da precisamente eso. Aquí la lectura compartida antes de dormir funciona muy bien, porque el texto es corto y termina en un tono que no altera.
De 5 a 7 años el interés se desplaza: el niño ya sabe nombrar las emociones básicas y lo que le engancha es discutirlas, decir que él pone la rabia en otro color o que no está de acuerdo con la escena del miedo. Ese desacuerdo es el mejor uso del libro a esta edad. También sirve como lectura autónoma temprana, porque las frases son breves y muy repetidas.
De 7 a 9 años se queda corto salvo que haya un hermano pequeño o se use como material de aula. Un lector de ocho años lo despacha en cinco minutos y percibe el esquema como algo de críos, y con razón.
Por momento vital, encaja en la entrada al colegio, cuando aparecen miedos que el niño no sabe explicar; en las rabietas del segundo y tercer año, no durante el estallido sino en la calma posterior, para ponerle nombre a lo que ha pasado; y en la llegada de un hermano, porque da un modo de admitir que se pueden sentir cosas contrarias a la vez. En el aula de infantil es un clásico por una razón práctica: se lee en una sesión, deja actividad plástica evidente detrás y todo el grupo puede participar.
Para quién no es. No es para el niño muy sensible al que hablar de miedo justo antes de dormir le deja dándole vueltas, porque ese capítulo tiene imagen oscura y conviene leerlo de día. Y no es para la familia que busca un libro largo con el que llenar media hora de lectura: aquí no hay trama que sostener, hay un desfile de estados de ánimo.
A tener en cuenta
Es corto y se nota. Cuarenta y cuatro páginas con dos o tres frases en cada una se recorren en pocos minutos. Quien mida el libro por el rato que ocupa se llevará una decepción; quien lo mida por el número de conversaciones que abre, no.
La idea central es una simplificación de partida. Asignar un color a cada emoción y guardarlas por separado es un recurso pedagógico útil para empezar, pero las emociones reales se mezclan, se solapan y rara vez vienen ordenadas. Conviene usar el esquema como puerta de entrada y no como descripción fiel de cómo funciona por dentro un niño. La propia editorial lo presenta como una herramienta para identificar y ordenar lo que se siente, y esa es la lectura razonable de la propuesta.
Ojo con la edición que se elige. Además de la tapa dura existen versiones en cartón y una versión desplegable con mecanismos de papel; esta última es espectacular en el regazo de un adulto y muy delicada en manos de un niño de tres años que quiera manipularla sin supervisión. Si el libro va a vivir en el suelo del salón, el cartón es la opción sensata.
No es material terapéutico. Un álbum ilustrado no trata la ansiedad, el duelo ni un problema de conducta: es un soporte para hablar. Si un niño muestra un malestar sostenido, lo que ayuda es la valoración de un profesional, y este libro puede acompañarla, no sustituirla.
Cómo se compara con otras opciones
| Libro | Qué trabaja | Edad orientativa | Veredicto corto |
|---|---|---|---|
| Este libro | Identificar y separar las cinco emociones básicas mediante el color | 3-6 años | La puerta de entrada más eficaz al vocabulario emocional |
| Emocionario | Cuarenta y dos emociones definidas una a una, con matices finos | 7-12 años | Más ambicioso y más frío: se consulta, no se cuenta |
| Un león dentro | Timidez, autoestima y atreverse a hablar, en verso | 3-7 años | Historia con trama, mejor si se busca cuento y no catálogo |
| El gran libro de las emociones | Compendio amplio con relatos y pautas para el adulto | 6-10 años y familias | Para acompañar durante años, no para leer de una vez |
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad se recomienda El Monstruo de colores?
Desde los dos años y medio si se cuenta señalando los colores, y con pleno aprovechamiento entre los tres y los seis. A partir de los siete el esquema resulta evidente para la mayoría de lectores, aunque sigue funcionando en el aula como material de trabajo.
¿Sirve para trabajar las rabietas?
Sirve para hablar de ellas después, no para detenerlas. Durante el estallido un niño no procesa un cuento. La utilidad aparece al rato, cuando ya está calmado y se le puede preguntar de qué color estaba, que es una pregunta mucho más fácil de responder que por qué te has enfadado.
¿Hay versión en tapa dura, en cartón o desplegable?
Sí, coexisten varias ediciones. La de referencia aquí es la de tapa dura de 44 páginas. Existe además una edición en cartón, más resistente para menores de tres años, y una versión con mecanismos desplegables, muy vistosa pero frágil para manipulación autónoma.
¿Es adecuado para el aula de infantil?
Es uno de los títulos más usados en segundo ciclo de infantil. Se lee en una sesión corta, permite sentar al grupo entero y deja continuación natural en plástica: tarros, colores, caras. Conviene repartir las emociones en varias sesiones en lugar de agotarlas todas el mismo día.
¿Cuánto se tarda en leerlo y hay más libros de la autora?
Una lectura en voz alta sin pararse ocupa unos cinco minutos; con conversación, entre diez y quince. Anna Llenas tiene otros álbumes sobre emociones y aceptación, además de material derivado del propio monstruo, con esquemas parecidos y calidad desigual, así que conviene mirarlos uno a uno.
Puntos fuertes
- Convierte una idea abstracta en imagen reconocible
- Texto breve y repetido, ideal en voz alta
- Aguanta la relectura por partes
- Muy rodado en aulas de infantil
En contra
- Texto muy breve: la lectura seguida ocupa unos cinco minutos
- Asignar un color a cada emoción es una simplificación de partida, no un mapa fiel
- La versión desplegable es delicada para manos pequeñas
- No sustituye la valoración de un profesional cuando hace falta
